Por qué actividades como tejer, pintar o armar rompecabezas ayudan a la salud mental

En un mundo cada vez más digital, donde pasamos horas frente a pantallas, recuperar el hábito de hacer cosas con las manos puede ser mucho más que un pasatiempo: es una herramienta concreta para cuidar la salud mental. Ya sea tejer, dibujar, modelar con arcilla, armar rompecabezas o incluso cocinar, estas tareas simples tienen un impacto directo en cómo nos sentimos.

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Por un lado, este tipo de actividades nos conectan con el presente. Al tener que prestar atención a lo que estamos haciendo —contar puntos, seguir un patrón, combinar piezas o mezclar ingredientes—, el cerebro entra en un modo más enfocado y pausado, similar a la meditación. Esta capacidad de “estar en el momento” reduce el estrés, baja la ansiedad y mejora el estado de ánimo.

Además, usar las manos activa áreas del cerebro asociadas a la coordinación, la memoria y la creatividad. Por eso, muchas veces después de hacer algo manual, nos sentimos más despejados o incluso más inspirados. No hace falta ser artista ni “hacerlo perfecto”: lo que importa es la experiencia en sí y cómo nos hace sentir.

También se trata de recuperar cierta autonomía. En tiempos en los que mucho parece escapar a nuestro control, crear algo tangible —una bufanda, una  torta, un dibujo, un mueble reciclado— puede darnos una sensación de logro muy concreta, que eleva la autoestima.

¿Un extra? Muchas de estas actividades pueden compartirse con otros: hacer manualidades con chicos, cocinar en pareja, aprender a tejer en grupo o intercambiar puzzles. Ese vínculo social suma aún más al bienestar emocional.

En definitiva, volver a hacer cosas con las manos no es volver al pasado, sino reencontrarse con un ritmo más humano. Si sentís que necesitás bajar un cambio, desconectar un poco y reconectar con vos, esta puede ser una buena manera de empezar.

 

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