Mantener los espejos limpios puede parecer sencillo, pero algunos hábitos al hacerlo terminan dejando marcas, vetas o un aspecto apagado. Prestar atención a los detalles puede marcar la diferencia entre un espejo brillante y uno opaco.
Usar demasiado producto
El exceso de limpiador líquido deja residuos que se secan en la superficie y generan vetas. Lo mejor es aplicar una cantidad moderada y distribuirla bien.
No secar correctamente
Dejar que el espejo se seque solo provoca manchas de agua o producto. Siempre conviene repasarlo con un paño seco al final.
Utilizar el trapo equivocado
Los paños ásperos, toallas de papel o telas que sueltan pelusa arruinan el acabado. Lo ideal es usar microfibra limpia y suave.
Limpiar con movimientos circulares
Aunque parezca práctico, los círculos suelen dejar marcas visibles. Es mejor hacer movimientos verticales u horizontales en todo el espejo.
Ignorar los bordes
Los marcos acumulan polvo y humedad, lo que con el tiempo afecta también la superficie. Conviene repasarlos cada vez que se limpia.
