Con algunos ajustes simples, es posible dormir bien incluso en las noches más calurosas y arrancar el día con más energía
Cuando las noches se vuelven pesadas por las altas temperaturas, dormir bien puede parecer imposible. El calor altera el ciclo del sueño, aumenta la sudoración y hace que el descanso sea más liviano e interrumpido. Sin embargo, hay varias estrategias simples que pueden ayudarte a conciliar mejor el sueño y amanecer más fresco.
Lo primero es mantener la habitación lo más ventilada posible durante la noche. Si usás aire acondicionado o ventilador, tratá de regularlos para que no generen un ambiente demasiado seco ni un contraste brusco con el calor exterior. También podés colocar un recipiente con agua cerca del ventilador o una toalla húmeda colgada para aumentar la humedad del aire.
Elegir sábanas y pijamas de algodón o lino también hace una gran diferencia: son tejidos livianos y transpirables que permiten que el cuerpo elimine el calor. Desestimá los materiales sintéticos, ya que atrapan la humedad y pueden irritar la piel.
Otra buena costumbre es evitar comidas pesadas o bebidas alcohólicas antes de dormir, ya que elevan la temperatura corporal y dificultan el descanso. En su lugar, optá por cenas livianas y una buena hidratación a lo largo del día.
Por último, crear una rutina nocturna relajante ayuda a que el cuerpo entienda que es hora de descansar: bajá las luces, evitá pantallas al menos media hora antes de acostarte y tomá unos minutos para respirar profundo o hacer estiramientos suaves.
