El celular que usás todos los días, el que llevás en el bolsillo o apoyás en la mesa del bar, depende de algo que casi nadie nombra: las tierras raras. Estos minerales son clave para la pantalla, la batería, las cámaras y hasta la vibración. Sin ellos, el smartphone, tal como lo conocemos, no arranca.
El problema es que China concentra gran parte del control mundial de estos recursos. Si el suministro se frena o se encarece, el impacto llega directo al mostrador argentino: celulares más caros, menos stock y tecnología que tarda en renovarse. En un país donde el teléfono es herramienta de laburo, estudio y contacto diario, la dependencia ya no es un detalle técnico, es parte de la vida cotidiana.
