Recalentar comida es algo cotidiano, pero muchas veces el resultado no es el mejor y termina en platos secos, gomosos o demasiado blandos.
Con algunos ajustes simples, es posible conservar mejor el sabor, textura y la consistencia de los alimentos.
Evitar el calor demasiado fuerte
La temperatura muy alta puede secar los alimentos o endurecer ciertas preparaciones. Lo ideal es usar una potencia media y calentar de forma gradual.
Agregar un poco de humedad
Muchas comidas pierden agua durante el almacenamiento en la heladera. Al recalentar, sumar un pequeño chorrito de agua, caldo o salsa ayuda a recuperar parte de la humedad original. Esto es especialmente útil en arroz, pastas o preparaciones con verduras.
Cubrir los alimentos
Cubrir el plato mientras se calienta permite que el vapor se mantenga dentro del recipiente, lo que ayuda a que el calor se distribuya mejor y evita que la comida se reseque. Puede usarse una tapa apta para microondas o un plato encima del recipiente.
Revolver o mover la comida
Cuando se recalienta una porción grande, conviene detener el calentamiento a mitad del proceso para mezclar o mover los alimentos para que el calor llegue de manera más uniforme.
Elegir el método adecuado
No todos los alimentos reaccionan igual al microondas y algunas preparaciones conservan mejor su textura cuando se recalientan en sartén o en horno. Las comidas con masa o superficies crocantes suelen quedar mejor con calor seco.
