Es bastante común que una herida produzca picazón mientras se está cerrando. Puede resultar molesto, especialmente cuando la zona ya no duele tanto y parece estar mejorando, pero en muchos casos la sensación de picazón forma parte del proceso normal de cicatrización.
Cuando la piel se lesiona, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos para reparar el tejido. Primero se produce una respuesta inflamatoria que ayuda a proteger la zona y luego comienza la formación de tejido nuevo. Durante estas etapas se liberan distintas sustancias que participan en la respuesta del organismo y pueden estimular las terminaciones nerviosas de la piel.
Una de ellas es la histamina, que interviene en las respuestas inflamatorias y puede contribuir a generar sensación de picazón. Al mismo tiempo, las fibras nerviosas que se encuentran alrededor de la lesión pueden activarse mientras el tejido se repara, lo que también puede generar esa molestia.
La propia formación de piel nueva puede contribuir a la sensación. A medida que la herida se cierra, la zona puede sentirse tirante o presentar sequedad, especialmente cuando se forma una costra. Estos cambios pueden hacer que aparezca la necesidad de rascarse aunque la lesión esté evolucionando normalmente.
Rascar una herida, sin embargo, no es una buena idea. Al hacerlo se puede retirar la costra, irritar el tejido nuevo o incluso volver a abrir la lesión, lo que puede retrasar la cicatrización y aumentar el riesgo de infección.
La intensidad y la duración de la picazón dependen del tipo de lesión, su profundidad y la forma en que cada organismo responde al proceso de reparación. Si la molestia aumenta en lugar de mejorar o aparece acompañada de enrojecimiento que se extiende, calor, hinchazón, dolor intenso, secreción o fiebre, conviene consultar con un profesional de la salud.
Por eso, aunque una herida que pica puede resultar incómoda, muchas veces es simplemente una señal de que el organismo continúa trabajando para reparar la piel.
