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En 1957, en el marco de las celebraciones por los 50 años de la creación del estado de Oklahoma, la ciudad de Tulsa buscó inmortalizar el acontecimiento con una propuesta tan llamativa como insólita.
La idea elegida consistió en sepultar un Plymouth Belvedere cero kilómetro, de color dorado y blanco, con la firme intención de desenterrarlo medio siglo después. Presentado como una auténtica cápsula del tiempo para la posteridad, el vehículo fue depositado en una bóveda de hormigón debajo de los terrenos del palacio de justicia del condado.
Dentro de la estructura no solo se ubicó el rodado, sino también una serie de elementos representativos de la cultura estadounidense de los años cincuenta, tales como fotografías, documentos, publicaciones y monedas. Incluso se tomó la precaución de almacenar combustible en el baúl para que, al llegar al año 2007, pudiera ponerse en marcha nuevamente sin inconvenientes.
