Todo puede ser cine. Un hombre que habla con su perro, una corporación que divide la mente humana en dos, una casa llena de fantasmas que no pueden irse: cualquier punto de partida puede convertirse en una historia extraordinaria si quien la cuenta entiende qué está haciendo. La premisa no importa tanto como lo que se construye sobre ella.
La televisión de los últimos años demostró eso con una libertad que el cine rara vez se permite. Las plataformas y las cadenas de cable apostaron por ideas que en otro contexto nadie hubiera financiado y el resultado fue una generación de series que arrancaban con una pregunta absurda y terminaban siendo sobre algo completamente serio. El absurdo como camino a la verdad es uno de los recursos más antiguos de la narrativa, y estas cuatro lo usan con una precisión que no tiene nada de accidental.
Estas son cuatro series cuya premisa sola ya justifica darles el primer episodio.
Wilfred (2011-2014)
Un hombre deprimido es el único que puede ver a su vecino como perro: para todos los demás es un animal normal, para él es un tipo con traje de perro que fuma marihuana, da consejos y tiene una filosofía de vida completamente propia. La premisa suena a comedia de situación y la serie la usa para hablar de soledad, propósito y salud mental. Elijah Wood y Jason Gann construyeron una dinámica que funciona precisamente porque nadie en la serie explica lo que está pasando.
Severance (2022 — )
Un grupo de empleados se somete a un procedimiento quirúrgico que separa completamente sus memorias laborales de su vida personal. Esto significa que la persona que entra al trabajo no sabe nada de lo que pasa afuera, y la que vive afuera no sabe nada de lo que pasa adentro. Parece una premisa de ciencia ficción corporativa, pero en realidad es una de las series más perturbadoras y más originales de los últimos años. Cada episodio termina en el punto exacto donde más duele parar. Disponible en Apple TV.
Fantasmas (2024)
Julio Torres pierde un arete de oro con forma de ostra y eso lo sumerge en una búsqueda a través de una versión onírica y completamente propia de Nueva York, llena de personajes que no podrían existir en ninguna otra serie. Torres creó, escribió, dirigió y protagonizó los seis episodios con una libertad formal que hace que cada uno funcione como una viñeta autónoma sobre la soledad, el propósito y lo que significa existir en un mundo que no está diseñado para todos. Emma Stone y Paul Dano están entre los invitados que aparecen y desaparecen como si fueran parte de un sueño. Disponible en HBO Max.
Black Mirror (2011 — )
Es la más famosa de esta lista pero seguimos sorprendido con su particular impronta. Una antología donde cada episodio toma una tecnología real o posible y lleva sus consecuencias hasta el extremo. No todos los episodios son igualmente buenos, pero los mejores son de lo más perturbador que dio la televisión en los últimos quince años. La premisa de la serie entera es simple: ¿qué pasa cuando la tecnología que inventamos para mejorar nuestras vidas termina siendo lo que nos destruye? La respuesta varía en cada episodio, pero la pregunta nunca pierde vigencia. Disponible en Netflix.
El ensayo (2022)
Nathan Fielder ayuda a personas comunes a prepararse para conversaciones difíciles recreando cada escenario con una meticulosidad que va escalando hasta volverse completamente absurda. La incomodidad tiene varias capas y se manifiesta en la vergüenza ajena de los participantes, la rareza creciente de los métodos de Fielder y la pregunta que la serie se niega a responder sobre dónde termina el experimento y dónde empieza la manipulación real. Es una de las series más extrañas y más fascinantes de los últimos años. Disponible en HBO Max.
