El ACV (accidente cerebrovascular) ocurre cuando el flujo sanguíneo al cerebro se interrumpe parcial o totalmente, ya sea por la obstrucción de una arteria (isquémico) o por la ruptura de un vaso sanguíneo (hemorrágico).
Esta interrupción priva al cerebro de oxígeno y nutrientes, provocando la muerte de células cerebrales en minutos. Por eso, actuar rápido es clave.
Señales de alerta a tener en cuenta:
Hay una regla práctica que puede ayudarte a detectar un ACV. Es el método “FAST”, por sus siglas en inglés:
F (Face – Cara): ¿Una parte del rostro está caída o asimétrica?
A (Arms – Brazos): ¿Puede levantar ambos brazos o uno cae sin fuerza?
S (Speech – Habla): ¿Habla de manera confusa, arrastra las palabras o no puede expresarse?
T (Time – Tiempo): Si ves alguno de estos síntomas, es hora de actuar rápido y llamar a emergencias.
Otros síntomas que también pueden aparecer:
– Pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos
– Dolor de cabeza muy fuerte y repentino, sin causa aparente
– Dificultad para caminar o pérdida del equilibrio
– Confusión repentina o dificultad para entender
Factores de riesgo que conviene controlar:
– Presión arterial alta
– Colesterol elevado
– Diabetes
– Tabaquismo
– Consumo excesivo de alcohol
– Sedentarismo
– Estrés crónico
¿Qué hacer ante la sospecha de un ACV:
No intentes trasladar por tus medios a la persona ni esperes a que “se le pase”. Llamá de inmediato a emergencias médicas (107 o 911 en Argentina). Cuanto antes se reciba atención médica, mayores son las chances de recuperación y menores los riesgos de secuelas.
La importancia de la prevención:
Llevar una vida activa, cuidar la alimentación, controlar la presión arterial y hacerse chequeos regulares son pilares fundamentales para reducir el riesgo de un ACV. Además, estar informado sobre las señales puede ayudar a salvar una vida, incluso la propia.
