El argumento oficial para ese cambio fue que “había pocos inscriptos”. Sin embargo, la explicación no disipó las sospechas, porque el modo en que se comunicó la modificación fue, como mínimo, irregular. El aviso no se difundió públicamente, sino que se envió por correo electrónico a un listado reducido de apenas veinte universidades.
Y lo que agrava todavía más las dudas: cinco días antes del vencimiento del plazo, el propio Banco Central volvió a difundir las bases originales, aquellas que dejaban a Espert afuera. Desde la entidad reconocieron el error y hablaron de un “desajuste en la comunicación interna”, aunque la contradicción quedó marcada.