El ruido que hace una puerta al abrirse o cerrarse suele aparecer de manera gradual y puede resultar especialmente molesto durante la noche o en ambientes silenciosos. En muchos casos, el problema está relacionado con el desgaste de las bisagras, la falta de lubricación o pequeños movimientos de la estructura.
Una de las soluciones más sencillas consiste en lubricar las bisagras. Para hacerlo, primero conviene retirar el polvo y la suciedad que puedan haberse acumulado alrededor del mecanismo y luego aplicar una pequeña cantidad de lubricante adecuado. Después, abrir y cerrar la puerta varias veces permite distribuir el producto y comprobar si el ruido disminuyó.
Si el sonido continúa, puede ser necesario revisar los tornillos de las bisagras. Con el uso, algunos pueden aflojarse y hacer que la puerta se mueva ligeramente al abrirla o cerrarla. Ajustarlos con la herramienta correspondiente puede ayudar a recuperar la estabilidad.
También es importante observar si la puerta roza contra el marco o el piso. En ese caso, lubricar las bisagras no necesariamente resolverá el problema, ya que puede existir un pequeño desajuste. Si el roce es importante o apareció de repente, conviene revisar la instalación antes de intentar modificarla por cuenta propia.
Para prevenir que el ruido vuelva a aparecer, es recomendable mantener las bisagras libres de polvo y revisarlas ocasionalmente. También conviene evitar tirar de la puerta con fuerza o dejar que se cierre bruscamente, ya que esos movimientos pueden acelerar el desgaste de los mecanismos.
Si después de estos cuidados la puerta continúa haciendo ruido o presenta dificultad para abrirse y cerrarse, puede existir un problema en alguna de sus piezas y ser necesario recurrir a un profesional.
