Dormir bien no es solo cuestión de cuántas horas pasás en la cama. La postura que adoptás puede afectar directamente el descanso, la recuperación muscular e incluso generar molestias o dolores que se sienten durante el día.
¿Por qué la postura importa tanto? Cuando el cuerpo pasa varias horas en la misma posición, si no está bien alineado, puede haber tensión acumulada en zonas como cuello, hombros, espalda baja y caderas. Una mala postura durante la noche puede mantener ciertos músculos en tensión o generar compresiones articulares que se reflejan al despertar.
Las posturas más comunes y su impacto:
Boca arriba
– Suele ser la postura más recomendada para la mayoría, siempre que se use una almohada adecuada que no eleve demasiado la cabeza.
– Favorece la alineación de la columna.
De costado
– También aceptada, especialmente si se duerme con una almohada entre las piernas para mantener caderas y columna en línea.
– Ideal para personas con problemas de reflujo o embarazo.
Boca abajo
– La menos recomendada. Puede generar torsión en el cuello y sobrecarga en la zona lumbar, ya que la columna no queda en posición neutra.
Qué podés hacer para mejorar el descanso:
– Elegir almohadas y colchones que se adapten a tu postura habitual, ni demasiado blandos ni excesivamente duros.
– Si dormís de costado, usar una almohada entre las rodillas.
– Al levantarte, estirarte suavemente antes de empezar el día para reacomodar el cuerpo.
– Cambiar de posición si notás que siempre amanecés con la misma molestia.
