El pasaje entre estaciones suele ser complicado: aparecen días cálidos seguidos de mañanas frescas, y el placard empieza a llenarse de prendas mezcladas. La clave está en ordenar de forma estratégica para tener a mano lo que necesitás sin perder espacio ni desordenar.
Guardá lo que no uses ahora
El primer paso es identificar qué prendas no corresponden a esta etapa. Los abrigos muy pesados o la ropa veraniega demasiado ligera pueden guardarse en cajas plásticas, bolsas al vacío o valijas. Lo ideal es etiquetarlas para saber qué contienen y evitar tener que abrir todo cuando cambie el clima.
Elegí prendas versátiles y en capas
La media estación es sinónimo de superposición. Dejá a la vista camisetas básicas, sweaters finos, camisas y camperas livianas. Son las prendas que te permiten adaptarte a los cambios de temperatura en el mismo día.
Aprovechá perchas y estantes estratégicamente
Reservá las perchas para las prendas que tienden a arrugarse (blazers, camisas, vestidos), y usá los estantes o cajones para ropa más informal y fácil de doblar. Podés sumar organizadores colgantes dentro del placard para multiplicar el espacio disponible.
Usá cajas y bolsas de tela para accesorios
Bufandas, pañuelos, gorros y cinturones suelen quedar dispersos. Guardarlos en cajas de tela transpirables o en bolsas con cierre evita que se pierdan y mantiene todo a mano. Otra opción práctica es usar ganchos detrás de la puerta del placard.
Ordená por colores y categorías
Armar el placard de manera cromática no solo ayuda a encontrar la ropa más rápido, sino que también facilita combinar looks sin pensarlo demasiado. Además, separar la ropa de trabajo de la de uso diario puede ayudarte a ahorrar tiempo cada mañana.
Rotación de zapatos
Si bien no es ropa, los zapatos también ocupan lugar. Guardá los de invierno más pesados y dejá a la vista zapatillas, mocasines y botas cortas, que son los más prácticos para esta etapa. Usá cajas transparentes para mantenerlos limpios sin perder visibilidad.
