¿»El diablo viste a la moda 2″ supera a la original?

La pregunta sobre si una secuela puede superar a un mito es, en el universo de Miranda Priestly, una vulgaridad. Las obras maestras no se superan; se expanden, se habitan y, en el mejor de los casos, se transforman.

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Esta nueva entrega de El diablo viste a la moda que llega hoy a los cines lo hace con la elegancia de quien no necesita demostrar nada, y por eso mismo, logra algo mucho más difícil que vencer a su predecesora: honrarla desde la diferencia.

En el implacable mundo de la moda y el cine, la perfección suele ser un estado estático. Intentar que una secuela supere a la cinta original de 2006 sería un error de concepto, casi tan grave como confundir el azul celeste con el cerúleo. La realidad es que esta nueva entrega no busca derrocar al clásico; busca dialogar con él.

No estamos ante una competencia, sino ante una evolución necesaria que respeta el material de origen con un cariño casi devocional, entendiendo que la película de David Frankel es, por definición, insuperable.

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