Se ha disparado el precio del dólar en el mercado informal y el Gobierno se enfrenta a un callejón sin salida.
Hay que tener presente qué es lo que quiere -y que volvió a solicitar- el Fondo Monetario Internacional: una devaluación. Lo que viene negándose sistemáticamente a hacer Luis «Toto» Caputo, el ministro de Economía.
Sabemos lo que eso significa para la Argentina y cómo repercute inmediatamente en precios. Suceda -la devaluación- o no, lo que vimos en el mes de mayo en cuanto a datos de inflación difícilmente vuelva a repetirse.
¿Indicadores de «dólar barato»? Claro que los hay: el campo no está liquidando nada, a la espera de una inminente devaluación y sin conformarse con el «dólar blend». Y volviendo al FMI, recuerda el organismo que se había prometido levantar el cepo. ¿Hay, al menos, alguna hoja de ruta para esto? Hasta el momento no.
¿Otro indicador? ¿Vieron al trabajador, no millonario, pero de buen pasar, vacacionando en Uruguay, en Brasil o en EEUU para ver la Copa América? Bueno, ahí tiene otro.
¿No había dicho Javier Milei, en campaña, que tenía todos los dólares «atados» para encarar una dolarización? ¿Otra mentira?
Mientras tanto, el Presidente viajante se autocandidatea al Nobel de Economía, con su país con un 7,7% de desempleo y una caída del PBI en 5,1 puntos en el primer trimestre.
El FMI insiste, y le dice al Gobierno que el crawling peg del 2% mensual no va más, que quedó muy atrás de la altísima inflación acumulada.
Y el mercado, el Dios de esta gestión, es el mismo que le está diciendo que el dólar está atrasado.
Caputo, en tanto, sigue tuiteando que no va a devaluar. Muy parecido a cuando un DT, luego de tres derrotas consecutivas, dice que se encuentra con fuerzas y que no va a renunciar. El futbolero o la futbolera sabrá cómo termina eso.
Reservas se acumularon a cuentagotas, el campo no liquidó, el FMI apura y el Gobierno ya no ve claramente la salida a la encerrona.
Muy probablemente, termine optando por devaluar, y esto será más temprano que tarde. No pasa nada. No sería la primera (ni la última) contradicción del autocandidato al Nobel.
Andrés Battistella
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