Dormir sobre sábanas suaves suele hacer que la cama resulte mucho más confortable. Sin embargo, con el paso de los lavados puede que notes que la tela empieza a sentirse más áspera, aun cuando el juego de sábanas no tiene demasiado tiempo de uso. En muchos casos, el problema no está en la calidad del tejido, sino en algunos hábitos de lavado que pueden afectar sus fibras.
Uno de los errores más frecuentes es utilizar más detergente del necesario. Aunque parezca lógico pensar que una mayor cantidad mejora la limpieza, el exceso puede dejar residuos entre las fibras, especialmente si el enjuague no logra eliminarlos por completo. Con el tiempo, esa acumulación puede hacer que la tela pierda parte de la suavidad que tenía cuando era nueva.
Otro aspecto que suele influir es el uso excesivo de suavizante. Si bien está pensado para aportar una sensación más agradable al tacto, emplearlo en grandes cantidades o en todos los lavados puede generar una película sobre el tejido que, con el tiempo, termina teniendo el efecto contrario y reduce la capacidad de las fibras para mantenerse esponjosas.
La temperatura del agua también merece atención. Cada material tiene recomendaciones específicas y lavarlo a temperaturas más altas de las indicadas puede acelerar el desgaste de las fibras. Consultar la etiqueta antes del lavado ayuda a elegir el programa más adecuado y prolongar la vida útil de las sábanas.
Además del lavado, el secado cumple un papel importante. Siempre que sea posible, conviene retirar las sábanas apenas finaliza el ciclo de secado o cuando ya estén secas al aire libre. Dejarlas durante mucho tiempo arrugadas dentro del lavarropas o del secarropas puede favorecer que el tejido se vuelva más rígido y requiera un planchado más intenso.
