Durante el desarrollo del combate, Williams le propinó de manera reiterada «golpes de conejo» (impactos ilegales dirigidos a la parte posterior de la cabeza y la nuca).
A pesar de que Colón le advirtió repetidamente al árbitro sobre el dolor que sentía en la zona de la nuca y los mareos, las faltas no fueron sancionadas con la rigurosidad necesaria y la pelea continuó. Al concluir el noveno asalto, la esquina de Colón le quitó los guantes por error pensando que la pelea había terminado, lo que derivó en su descalificación.
Al llegar a los vestuarios, el boxeador sufrió mareos, vómitos y colapsó. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde se le diagnosticó un hematoma subdural que le causó un sangrado y daño cerebral irreversible. Tras pasar 221 días en coma, quedó con secuelas neurológicas permanentes.
Cómo se originó la «Regla Prichard Colón»
Ante la conmoción internacional por la gravedad de las lesiones de Colón, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) creó e implementó la denominada «Regla Prichard Colón».
Esta normativa nació para proteger la integridad física de los boxeadores e impuso una política de cero tolerancia a los golpes de conejo. Sus puntos clave establecen:
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Advertencia previa: Los árbitros deben dar una primera instrucción estricta sobre la prohibición de golpes en la nuca durante la charla previa a la pelea en los camerinos.
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Interrupción inmediata: Si un peleador conecta un golpe detrás de la cabeza, el árbitro está obligado a detener la contienda de inmediato para advertir al infractor.
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Evaluación médica: Detener la acción permite que el médico analice el estado del boxeador afectado si este manifiesta dolor o desorientación.
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Sanciones estrictas: Ante reincidencias o faltas intencionales, el árbitro tiene la facultad directa de descontar uno o dos puntos e incluso descalificar inmediatamente al agresor.