Frigorífico Don Juan busca su reestructuración con 25 trabajadores

El gremio de la carne y los propietarios de la planta acordaron mantener en actividad a la mitad del personal tras una audiencia en el Ministerio de Trabajo provincial. La crisis combina el desmedido aumento de las importaciones de cerdo brasileño con la caída del consumo interno y el alza en los costos operativos.

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Tras la audiencia celebrada en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe junto al ministro Roald Báscolo y uno de los dueños del establecimiento, Ariel Castelló, el frigorífico Don Juan retomó las operaciones en su planta local. La intervención oficial y la negociación sindical permitieron revertir la desvinculación total del personal que se planteaba inicialmente, logrando preservar 25 puestos laborales, aunque se confirmaron 27 despidos. Sobre el resultado de las gestiones, Daniel Roa destacó: «Se pudo lograr principalmente la continuidad de la fuente de trabajo, quedaron produciendo 25 trabajadores con el despido de 27».

En cuanto al futuro del frigorífico, la representación gremial y la patronal continúan dialogando en la sede ministerial para encuadrar la reestructuración bajo el artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, con el objetivo de reincorporar paulatinamente a los trabajadores cesanteados. La continuidad del proyecto productivo dependerá de que la empresa logre acceder al financiamiento necesario y asegurar el abastecimiento de hacienda. Al respecto, Roa remarcó que el foco central del sindicato es «garantizar la continuidad de la fuente de laburo más allá de esta situación para que pueda ir retomando paulatinamente de nuevo los niveles de producción».

Entre los principales causantes de la crisis, el dirigente sindical señaló la brecha de competitividad generada por el ingreso masivo de cerdo desde Brasil, cuyas importaciones pasaron de 14.000 toneladas en 2014 a un estimado de 60.000 toneladas para este año, registrando un incremento del 300% en una década. Esta asimetría se acentúa por normativas sanitarias que prohíben en Argentina el uso de anabólicos y aceleradores de engorde permitidos en el país vecino. Según detalló el secretario general, este factor permite a los productores brasileños obtener «un ahorro de 10 dólares por capón terminado», además de lograr mayor peso y rendimiento en menos tiempo de cría.

A la presión de la carne importada se le suma una marcada retracción del consumo interno, motivada por la pérdida de poder adquisitivo de las familias, lo que ha reducido las ventas globales de carne vacuna a mínimos históricos y desplazado la demanda hacia opciones de menor precio. Asimismo, los incrementos en las tarifas de servicios públicos y los costos generales de producción agravaron la ecuación financiera del frigorífico. «Hay una caída muy fuerte del consumo de carnes y bueno, eso hace a que se redireccione un poco el consumo», explicó Roa sobre el complejo panorama económico que atraviesa la actividad.

Finalmente, la parálisis parcial de Don Juan desencadenó un efecto dominó en la cadena de valor regional, afectando a plantas faenadoras como el frigorífico Guadalupe de Recreo, que redujo su faena diaria de 800 a 650 cabezas. A pesar del duro contexto, desde la Federación y el Sindicato de la Carne instaron a las autoridades provinciales y nacionales a acompañar al sector porcino con herramientas de financiamiento y políticas de protección. Roa concluyó remarcando que se trata de un rubro autosustentable con gran potencial: «Argentina ha crecido enormemente y tenemos todavía para crecer un 40 a 50% más en la próxima década, pero eso tiene que ir acompañado de políticas».

 

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