El Presidente tuvo su «circo» el 1º de marzo, con menciones a Cristina y todo lo que esperaba su electorado. Desde entonces, un traspié tras otro, que ya no pueden ser adjudicados a la «herencia recibida».
El primero de ellos: el aumento de 30% que se dieron Martín Menem y Victoria Villarruel. Digan lo que digan, las firmas son claritas, y son las de ellos.
Siguió la semana pasada, con los aumentos en los sueldos del propio Javier Milei, y de todo el Poder Ejecutivo. Con su propia firma. Lo que lo llevó a aparecer en vivo en televisión, por primera vez desde que es Presidente.
Eyectó -en vivo- al secretario de Trabajo, que en rigor no había firmado dichos aumentos. ¿Inexperiencia o «hacerse el sota»?
Ahora bien, hablemos de economía. Repetirán hasta el hartazgo los religiosos creyentes libertarios que la inflación es «siempre y en toda oportunidad» un fenómeno monetario. ¿Entonces por qué Luis Caputo fue a reunirse con los dueños de los grandes supermercados, y les pidió que se tranquilicen con los aumentos de precios?
¿Acaso emitieron moneda Alfredo Coto, el dueño de Carrefour y compañía? Mirá vos.
Lo que estamos viendo en materia inflacionaria es impresionante. El colectivo a 700 pesos, un kilo de pan a 1500. La leche arriba de un dólar. Es sencillamente inhumano para quien percibe un salario no superior a los 200 mil pesos.
Se eliminaron las tasas mínimas de plazo fijo en los bancos. La tasa de referencia del BCRA se determinó en 80% anual. Es decir: no existen más instrumentos de ahorro en la Argentina. Luis Caputo y Javier Milei decidieron que así sea. No rinde el plazo fijo, no rinde el Fondo Común de Inversión. No rinde nada. No hay forma de cubrirse ante la inflación y, subrayo, es un plan deliberado.
Es así de sencillo: el ajuste de Caputo se hace con los ahorros de la clase media. Y la clase baja, directamente, ya se cayó del mapa, con precios dolarizados e ingresos licuados.
Este mismo Caputo que hizo un desastre en la presidencia de Macri, o al menos así lo reflejó, en ese momento, un economista de nombre Javier Milei.
Es la primera gran crisis de Gobierno de Milei, porque también -entre todo lo que sube- están llegando tarifas irrisorias de energía eléctrica. 600 mil pesos mensuales para un comercio es cerrar y tirar la llave.
Y la impaciencia ya comienza a sentirse. No solo la del 44% de Sergio Massa -número subestimado, con 11 millones de personas que apoyaron al candidato de un Gobierno que fue desastroso-. Es decir, no solamente aquel que salió el 24 de enero en el Paro de la CGT. De hecho, esa es apenas una base. Que, insisto, no es para nada menor.
Están, desde el Ejecutivo, exageradamente confiados en el apoyo de ese 56% del ballotage, que ya no es tal y que empieza a percibirse. El plan, por ahora, no existe. No se ve. Y ojo con joder al pueblo argentino. Ya hubo sobradas muestras de esto a lo largo de la historia.
Andrés Battistella
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