Algunos pasos en la preparación pueden influir más de lo que parece en el resultado final
El arroz parece simple, pero algunos detalles en la preparación puede cambiar por completo su textura, haciendo que quede más suelto y liviano o, por el contrario, más pegajoso de lo esperado, algo que muchas veces no depende del tipo sino de cómo se lo trata antes y durante la cocción.
El lavado previo
Uno de los puntos más importantes es lavarlo antes de cocinarlo, ya que durante el proceso de producción los granos conservan almidón en la superficie y, si no se enjuagan, ese almidón se libera en la cocción y hace que el arroz se pegue más entre sí, dando una textura más compacta.
La proporción de agua
La cantidad de agua también influye directamente en el resultado, porque un exceso puede volverlo más blando y húmedo, mientras que una proporción adecuada permite que los granos absorban lo justo y queden más separados.
No revolver de más
Aunque puede parecer un gesto útil, revolverlo constantemente mientras se cocina hace que libere más almidón, lo que contribuye a que la textura final sea más pegajosa, por eso conviene dejarlo cocinar sin intervenir demasiado.
El reposo final
Una vez apagado el fuego, dejar reposar el arroz unos minutos con la tapa puesta permite que termine de absorber el vapor y que los granos se asienten mejor, lo que ayuda a lograr una textura más uniforme.
