Las diferencias entre ambos gobiernos incluyen los aranceles estadounidenses sobre productos brasileños y cuestionamientos de Washington a la estrategia de Brasil contra el crimen organizado. La relación bilateral aparece así como uno de los telones de fondo de la intervención de Lula ante Naciones Unidas.
Pese al mensaje que Lula pretende llevar a Nueva York, no existe hasta ahora una reunión bilateral confirmada con Trump. Sin embargo, la cercanía entre sus intervenciones abre la posibilidad de un contacto informal en la sede de Naciones Unidas.
El secretario de Asuntos Multilaterales Políticos de la Cancillería brasileña, Carlos Bicalho Cozendey, sostuvo que los mandatarios “probablemente se cruzarán en la Asamblea”. Ambos ya tuvieron un encuentro en la Casa Blanca en mayo y Brasilia considera la relación con Washington uno de sus principales desafíos diplomáticos.
La relación con Washington ocupa un lugar central en la estrategia internacional de Lula. El Gobierno brasileño busca mantener canales de diálogo con Estados Unidos sin abandonar su defensa de la autonomía nacional, especialmente frente a medidas que considera una intromisión en cuestiones domésticas.
Ese equilibrio podría adquirir todavía mayor importancia después de las elecciones. En caso de conseguir otro mandato, recomponer el vínculo con Estados Unidos será uno de los desafíos de la política exterior brasileña, mientras Brasil busca sostener simultáneamente sus relaciones con China, India y otros socios internacionales.
La discusión se desarrolla además en un escenario regional transformado durante 2026, con diferencias entre Brasilia y Washington sobre asuntos como Venezuela, seguridad regional y el tratamiento de organizaciones criminales latinoamericanas. Lula también ha cuestionado acciones estadounidenses en Venezuela, incluida la operación de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro.