El martes 13 siempre genera cierta inquietud. Aunque muchos aseguren que no creen en la mala suerte, algo de superstición siempre aparece y se posterga un trámite, se duda antes de comprar un pasaje o se evita firmar un documento importante.
La tradición popular advierte: “Martes, no te cases ni te embarques”. Pero su mala fama tiene raíces profundas.
Según la numeróloga Julieta Rutenberg, el número 13 se asoció históricamente a hechos fatídicos, generando miedo en distintas culturas. Incluso existen nombres para estas fobias: triscaidecafobia, miedo al 13, y trezidavomartiofobia, específicamente para el martes 13.
En el cristianismo, la relación con la mala suerte proviene de la Última Cena: Judas Iscariote era el decimotercer comensal. Además, el martes estaba regido por Marte, dios de la guerra, ligado al conflicto y la violencia, lo que consolidó la reputación negativa de la fecha.
Pero la numerología ofrece otra perspectiva. “El 13 no es negativo, sino transformador. Tiene una energía de cierre, muerte simbólica y renacimiento”, explicó en diálogo con Clarín.
Históricamente, este número se vinculó a cambios profundos y procesos de renovación y estos cambios impulsan la renovación y producen un renacimiento permanente.
Reducido a 4 (1+3), representa “estructura, orden, estabilidad, trabajo interno”, recordando que toda transformación requiere bases sólidas.
Para Rutenberg, este martes 13 puede ser una oportunidad: enfrentar desafíos, tomar decisiones importantes y fortalecer la resiliencia. Lo que muchos perciben como mala suerte podría convertirse en un impulso para crecer, renovarse y construir algo más fuerte.
