El cuerpo tiene formas muy particulares de responder frente a cambios internos y externos
Los escalofríos suelen asociarse inmediatamente con las bajas temperaturas, pero no siempre aparecen porque el ambiente esté frío. Esta reacción involuntaria también puede surgir ante determinadas emociones, durante una infección o cuando el organismo atraviesa cambios en su temperatura.
La regulación de la temperatura
El organismo cuenta con mecanismos para mantener su temperatura interna dentro de determinados límites. Cuando el cerebro detecta que el cuerpo necesita producir más calor, puede provocar contracciones rápidas e involuntarias de los músculos. Esas pequeñas contracciones son las que percibimos como escalofríos.
Las emociones también pueden provocarlos
Una situación de miedo, emoción intensa o incluso escuchar una canción que genera una respuesta emocional puede producir escalofríos aunque la temperatura ambiental sea agradable. En estos casos interviene el sistema nervioso autónomo, que participa en distintas respuestas físicas frente a estímulos emocionales.
También pueden aparecer durante una infección
Los escalofríos son frecuentes cuando el organismo está respondiendo frente a una infección. En algunos casos aparecen antes o durante la fiebre, ya que el cuerpo intenta alcanzar una temperatura interna más elevada y activa mecanismos para generar y conservar calor.
La piel de gallina puede acompañarlos
Se produce cuando pequeños músculos ubicados alrededor de los folículos pilosos se contraen, haciendo que los pelos se eleven. Es una respuesta heredada de nuestros antepasados y tiene poca utilidad para regular la temperatura en los seres humanos actuales.
Sentir escalofríos de manera ocasional es una respuesta normal del organismo. Sin embargo, si aparecen con frecuencia sin una causa evidente o se acompañan de fiebre persistente, dolor, dificultad para respirar u otros síntomas, conviene consultar con un profesional de la salud.
