Los cortes de luz pueden aumentar en días de calor intenso, y una de las primeras preocupaciones suele ser el freezer. Saber qué hacer en esas horas puede marcar la diferencia entre salvar la comida o tener que descartarla.
Lo esencial es no abrir el freezer innecesariamente. Cada vez que lo hacés, se pierde frío y se acelera el proceso de descongelamiento. Un electrodoméstico cerrado puede mantener la temperatura segura durante varias horas, incluso sin electricidad.
El tiempo es clave. Si el corte dura pocas horas y los alimentos siguen congelados o con cristales de hielo, en general pueden volver a congelarse sin problema. Si la comida está completamente descongelada pero todavía fría, conviene evaluar caso por caso.
La textura y el olor son señales importantes. Carnes, pescados y comidas preparadas que hayan perdido completamente el frío no deberían volver al freezer. En cambio, algunos alimentos como verduras, frutas o pan pueden cocinarse o consumirse en el corto plazo si estuvieron bien refrigerados.
Una buena estrategia es priorizar. Si notás que el artefacto empieza a descongelarse, podés cocinar primero los alimentos más sensibles y guardarlos en la heladera para consumirlos pronto.
Mantenerlo ordenado también ayuda en estas situaciones. Las comidas bien agrupadas conservan mejor el frío que los que están dispersos. Incluso colocar botellas con agua congelada suma masa fría y extiende el tiempo de conservación.
Después del corte, es importante limpiar cualquier líquido que haya quedado por el descongelamiento para evitar contaminación y malos olores. Anticiparse es clave. Tener recipientes herméticos, una idea clara de qué hay en el freezer y saber cómo actuar reduce el estrés cuando la luz se va sin aviso.
