Las mascotas no pueden decirnos que están estresadas, pero lo expresan de muchas formas. El problema es que varias de esas señales suelen pasar desapercibidas o se confunden con conductas normales.
Una de las más frecuentes es el exceso de bostezos, jadeo o lamido, especialmente cuando no hace calor ni hubo actividad física. Estos gestos suelen aparecer como una forma de autorregulación frente a una situación que les genera incomodidad.
Los cambios en el apetito también pueden ser una alerta. Comer menos, hacerlo de golpe o perder interés por la comida puede estar relacionado con estrés, ansiedad o cambios en el entorno.
Otra señal común es el aislamiento. Si empieza a esconderse más, evita el contacto o se muestra menos activo de lo habitual, puede estar necesitando más tranquilidad o sentirse sobrepasada.
Algunos animales se vuelven más demandantes. Buscar atención constante, seguirte a todos lados o no poder quedarse solos también puede ser una forma de expresar malestar emocional.
Las conductas repetitivas, como rascarse sin causa aparente, morder objetos, lamerse en exceso o caminar de un lado a otro, suelen ser indicadores de tensión acumulada.
También pueden aparecer cambios en el sueño. Dormir mucho más, descansar de forma inquieta o despertarse con facilidad son señales que conviene observar.
Detectar estas señales a tiempo permite hacer pequeños ajustes que marcan la diferencia. Mantener rutinas, ofrecer espacios tranquilos, evitar estímulos excesivos y brindar contención ayuda a que las mascotas se sientan más seguras.
