Parece que caló hondo esto que dijo el gobernador electo de Córdoba, Martín Llaryora, en relación a que no quería a los porteños metiéndose en su provincia.
«Los pituquitos de Recoleta», dijo Llaryora.
¿Por qué digo que impactó en Juntos por el Cambio? Porque en La Nación+, un periodista, Francisco Olivera, mostró en televisión la supuesta «mansión» que Llaryora tenía en San Francisco.
Resultó que la casa, grande, bonita, «pituca», era de Luis Juez. Es decir, quien fuera su rival, y de Juntos por el Cambio.
¿Se terminó el escándalo, no? Era escándalo si era la casa del peronista, pero si es del macrista, no pasa nada.
Dejémonos de joder. ¿Cuántas veces se habló del «periodismo militante» de Víctor Hugo, C5N, El Destape, etcétera?
¿Y esto qué es, entonces?
Basta de pavadas. El macrista, el peronista, tienen que ser medidos con la misma vara, señores «medios independientes».
Andrés Battistella
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