A veces hacemos ciertas rutinas de limpieza o mantenimiento del hogar casi en automático. Pero aunque parezcan inocentes, algunos hábitos muy comunes pueden estar afectando la higiene, la durabilidad de los objetos o incluso tu salud. Por suerte, con pequeñas correcciones podés optimizar tus tareas sin demasiado esfuerzo.
- Ventilar mal los ambientes
¿Abrís las ventanas solo un ratito a la mañana? En invierno o en días de apuro, es tentador. Pero para renovar bien el aire, se necesitan al menos 10-15 minutos de ventilación cruzada (ventanas abiertas de lados opuestos). Además, es clave hacerlo todos los días, aunque haga frío.
- Usar la misma esponja para todo
La esponja de cocina es un nido de bacterias si no se cambia seguido o se usa para múltiples superficies. Lo ideal es tener una para lavar platos y otra para limpiar mesadas, y reemplazarlas seguido. Podés desinfectarlas con un poco de vinagre blanco o pasándolas por agua hirviendo.
- No lavar bien los repasadores
¿Los usás toda la semana sin cambiarlos? Error común. Los repasadores acumulan humedad y restos de alimentos, por eso es mejor cambiarlos cada dos o tres días, y lavarlos con agua caliente.
- Poner demasiada ropa en el lavarropas
Cargarlo a tope puede parecer práctico, pero hace que la ropa no se lave bien y que la máquina trabaje forzada. Lo ideal es dejar espacio suficiente para que las prendas se muevan con comodidad.
- Usar mal el escobillón o la mopa
¿Pasás la escoba de un lado al otro sin método? Para que realmente funcione, hay que barrer desde los bordes hacia el centro y luego levantar todo con pala. Si usás mopa, recordá enjuagarla bien después de cada uso y dejarla secar al aire.
- No limpiar los controles remotos, interruptores o picaportes
Son zonas que tocamos constantemente, pero muchas veces las olvidamos al limpiar. Pasar un paño con alcohol o desinfectante una vez por semana puede ayudar a evitar acumulación de gérmenes.
- Guardar mal los alimentos en la heladera
A veces se mezcla todo: frutas con carnes, sobras tapadas al lado de lácteos. Para evitar contaminación cruzada, lo ideal es:
– Parte inferior: carnes crudas, bien envueltas.
– Estantes del medio: lácteos y sobras.
– Cajones: frutas y verduras (por separado).
