Lograr tostadas bien doradas, crujientes por fuera y parejas no siempre es tan automático como parece, ya que a veces quedan pálidas, blandas o se doran de forma desigual.
Unos pequeños ajustes en la preparación puede hacer una gran diferencia en el resultado final.
Elegir bien el pan
El tipo de pan influye, debido a que algunos tienen más humedad o una miga más densa, lo que puede hacer que tarden más en dorarse. Cortar rebanadas de grosor similar ayuda a que el dorado sea más uniforme.
Controlar la temperatura
Un error común es usar una temperatura demasiado baja o demasiado alta. Si es baja, el pan se seca sin dorarse; si es muy alta, puede quemarse por fuera y quedar blando por dentro. Lo ideal es un calor medio que permita un dorado progresivo.
El truco del toque de grasa
Agregar una pequeña cantidad de manteca o aceite sobre la superficie del pan antes de tostarlo ayuda a que se dore mejor ya que favorece la reacción que le da ese color dorado y una textura más crocante.
No apilar las tostadas
Cuando se apoyan unas sobre otras al salir del tostado, el vapor queda atrapado y ablanda la superficie. Dejarlas separadas permite que mantengan su textura crocante.
